Reflexiones en torno al artículo Del patrimonio cultural inmaterial o la patrimonialización de la cultura

Reflexiones en torno al artículo Del patrimonio cultural inmaterial o la patrimonialización de la cultura

Según lo leído en el artículo Del patrimonio cultural inmaterial o la patrimonialización de la cultura de Isabel Villaseñor y Emiliano Zolla, el modo actual de preservar el patrimonio inmaterial tiene problemas estructurales que empiezan en la definición misma del patrimonio. Una definición ambigua y contradictoria que a ratos se aleja justamente de aquello que […]

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Según lo leído en el artículo Del patrimonio cultural inmaterial o la patrimonialización de la cultura de

Isabel Villaseñor y Emiliano Zolla, el modo actual de preservar el patrimonio inmaterial tiene

problemas estructurales que empiezan en la definición misma del patrimonio. Una definición

ambigua y contradictoria que a ratos se aleja justamente de aquello que declara proteger: lo

inmaterial. El asunto está no solo en definir qué y cómo es lo que debe ser protegido sino

definirlo sin que las agendas de distinto orden y los intereses medien en ello.

Resulta interesante cómo el resultado deja de lado el proceso que dio origen a lo patrimoniable;

la génesis y los actores que formaron parte del bien a proteger quedan fuera, como si lo

protegible hubiese sido concebido por generación espontánea. Quizás es por esto por lo que el

bien inmaterial se transforma en bien material, aunque sea intangible. Se encarna en los intereses

de quienes ven en la regulación un camino de salvaguarda cuando en realidad es una vía de

exclusión (una vez más).

Hay criterios que son muy cuestionables: la exclusión antes mencionada, la valoración de lo

grandioso por su efecto reclamo (pensemos en el turismo) y por su capacidad de representación

(pensemos en símbolos de comunidades específicas). ¿No lleva esto por la vía rápida al cliché, a

los estereotipos, al vaciado y a un uso mercantilista de aquello que pretendía ser cuidado para no

perderlo?

A mi modo de ver, si no se revisa, si no se miran los parámetros, si no se limpia de agendas con

intereses económicos, políticos, territoriales y si no deja de excluir, es un sistema fallido. Una

buena intención que probablemente el poder vio como vehículo para instrumentalizar objetivos

ajenos.

Una alternativa para proteger estos bienes es el trabajo directo con los miembros de las

comunidades que generan los bienes. Pienso en esta experiencia que viví el 29 de junio de este

año en la Guajira Venezolana, en la zona de Alitasia. Un encuentro gastronómico llamado

“Ancestral” para honrar la cocina wayü. El chef Federico Tischler cocinó un menú con sabores

originarios de la región acompañado de mujeres cocineras y representantes de dicha casta.

La convocatoria hizo que un grupo de personas que viajamos hasta allá volcáramos la mirada a

la tierra (La Pachamama) para recibir su bendición. Funcionó porque se hizo solo con la

comunidad sin la injerencia de actores políticos. Un patrimonio ancestral que se mantiene en los

cantos, en las cocinas, en la lengua y cuya conservación pasa por ellos mismos y por mediadores

que no están relacionados con el Estado ni con instituciones burocráticas. Los agentes, en estecaso, son comunidades que conviven en la distancia y que tienen intereses comunes: cocineros,

antropólogos, investigadores, músicos. La intención de estos agentes es la preservación de las

expresiones culturales wayuu sin intervenirlas o convertirlas en imán para las neveras.

A pesar de que entiendo la mirada crítica de los autores, creo que sí es importante el trabajo con

los patrimonios culturales y los bienes inmateriales (y subrayo la necesidad, como bien expresan

los autores del artículo) la urgencia de que se trabaje en plural. Incluir, no excluir. Mirar, no tocar.

Ser parte desde el respeto, comprender que la riqueza no está para ser explotada, simplemente

está. La globalización, pienso, no es ajena a los designios del péndulo. Creo que está por venir

una reflexión menos antropocéntrica, menos materialista.

El turismo en masa, los grupos que van libreta en manos tachando un check list, los que tienen

sed de exotismo, los del selfie con una capa de plumas… nada de eso es beneficioso para el

patrimonio inmaterial.

Proteger, convivir, borrar la mirada paternalista o condescendiente, coexistir en el tiempo y

espacio con respeto, desechar la idea de regular las expresiones.

María Teresa Pérez

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